Mi padre decía que hay que cuidar y mimar a los animales que nos van a dar de comer. Para nosotros el bienestar animal no es un adjetivo: es la rutina de cada día.
Cada mañana un operario saca el ganado a pastar. Son animales dóciles, acostumbrados a la voz y a la mano de quien los cuida. Cada semana cambian a un prado nuevo, con hierba fresca y espacio para moverse.
Por la tarde vuelven a unas instalaciones nuevas y amplias, que se limpian a diario y donde siempre tienen agua fresca.
Salen al prado todos los días, guiados por la misma persona.
Un prado nuevo cada semana: más hierba para ellos y descanso para el suelo.
Agua limpia disponible siempre, en el prado y en las instalaciones.
Espacios amplios y cómodos que se limpian cada día.
Seguimiento sanitario de cada animal, de la alimentación y de los partos.
Trato tranquilo y rutinas estables. Un animal sereno es un animal sano.
Las vacas con sus terneros se manejan separadas del resto del rebaño, con su espacio y su ritmo. El veterinario controla la salud de cada cría desde que nace.
Los terneros crecen junto a su madre y se alimentan de su leche durante los primeros meses, como exige la calificación Suprema.
Pasto natural, forraje propio, silo propio y cereales que cultivamos nosotros. La ración se adapta a la edad de cada animal y la supervisa el veterinario o técnico.
Somos casi autosuficientes, y preferimos contarte exactamente lo que comen antes que prometer etiquetas que no podemos demostrar.
La mejor prueba de bienestar es poder visitarlo.